EL BRONCE DE LUZAGA

El Bronce de Luzaga es una pequeña placa de bronce de 16 x 15 cm que contiene un texto en lengua y escritura celtibérica. El texto está realizado con la técnica del punteado y se distribuye en ocho líneas que contienen 123 signos. La placa presenta siete orificios distribuidos de forma regular y presenta más de un tercio de la superficie exenta de escritura.

El bronce de Luzaga fue descubierto a finales del XIX en las ruinas que rodean la zona norte del casco urbano de Luzaga (Guadalajara), y hoy día está en paradero desconocido, aunque se supone que permanece en una colección privada en Soria.

La lengua celtibérica pertenece al grupo de lenguas célticas de la familia indoeuropea. Los investigadores, sin embargo, no se ponen de acuerdo en la traducción completa del texto. La mayoría de versiones coinciden en aceptar que contiene un tratado de hospitalidad entre varias ciudades de la zona, Lutia entre ellas.
Los arqueólogos reclaman a los propietarios que guardan la pieza celtíbera que la muestren y
permitan su estudio

El indescifrable mensaje
del Bronce de Luzaga
VICENTE G. OLAYA. Madrid  (El País, 29 de octubre de 2022)

El cabecilla numantino Retó­genes entendió que la situación era desesperada. O recibían re­fuerzoso Numancia seria destrui­da. Así que, con algunos guerre­ros, burló a las tropas sitiadoras del cónsul Publio Comelio Escipión Emiliano y fue reco­rriendo todas las ciudades alia­das que le podían ayudar. Ningu­na le dio su apoyo, aterrorizadas antela posible y brutal represalia romana. Solo los aguerridos jóve­nes de Lutia se ofrecieron a se­guirlo. Sin embargo, los ancianos de la población celtíbera, según relata el historiador Apiano, los traicionaron y avisaron a los sitia­dores. El resultado fue que Escipión cortó la mano derecha a 400 valientes. Lutia es hoy el yacimiento de El Castejón, en Lu­zaga (Guadalajara), donde a fina­les del siglo XIX se encontró un bronceescritoensignarioceltíbe­ro (una combinación de alfabeto y silabas). Tenía grabados 123 sig­nos y es uno de los elen1entos ar­queológicos más estudiados de la Antigua Hispania. Pero eJáste un problema. Nadie sabe dónde se halla la pie-za desde 1949. La Guía arqueológica de Luzaga, de los arqueólogos Isabel M. Sán­chez Ramos y Jorge Moán, vuel­ve a traer a colación la desapari­ción de una obra única y su ince­sante búsqueda por ambos exper­tos, por la Real Academia de la Historia, por el Centro Arqueoló­gico de Luzaga y por el Ayunta­miento de esta localidad, que en­cabeza José Luis Ros (PSOE).

El llamado Bronce de Luzaga mide 15 centímetros de anchura por 16 de altura. Su forma es casi rectangular con ángulos redon­deados. Fue perforado siete ve­ces. Los expertos consideran que una parte de los orificios podrian corresponder a una época anti­gua -con el fm de fijarlo en la pared- y otra parte a la época moderna, ya que fue empleado inexplicablemente como cola­dor. Se distinguían siete líneas de texto y los especialistas lo da­tan entre finales del siglo II y el siglo I a. C.

El grabador que lo talló empleó el llamado signario celtibérico occidental. Nadie sabe traducirlo, aunque exis­ten diferentes propuestas. Los epigrafistas son capaces de pronunciar lo escrito, pe­ro solo pueden descifrar al­gunos nombres propios, de lugares o de tribus. Además, se une la dificultad de que no se puede trabajar sobre el original y que todo se especu­la sobre el calco que dejó el arqueólogo Fidel Pita en 1882, un daguerrotipo de Federico Kraus del mismo año, un car­boncillo realizado por Jacobo Zóbel de Zangróniz entre 1881 y 1886 y un calco invertido del mis­mo quinquenio de Aureliano Fernández-Guerra, según recoge el profesor de la Universidad de Za­ragoza Carlos Jordán Cólera en su articulo científico.

Al ser uno de los textos más estudiados de la epigrafia celti­bérica se han realizado múlti­ples interpretaciones, pero nadie está seguro. Existe el consenso generalizado de que la pieza es un "tratado de amistad" entre las colectividades celtíberas de Lutiaca (Luzaga) y Arecorata y en­tre sus respectivos clanes diri­gentes. El Aula de Estudios Ibéri­cos e Iberoamericanos ofrece esta versión del texto: "Pacto de amistad para la gente de Lutiaca con los arecoráticos. Aiugis Bara­zoica señala, por su parte, las me­jores garantías para su observan­cia. Asumo este mismo pacto de amistad de la gente de los bela­yos y de la gente de Graico, lo mismo que dice dicho pacto. El sacerdote Deivoregis".  Sin em­bargo, se podría traducir todo lo contrario -hay quien sostie­ne que es el texto dedicado a una diosa, otros que se trata de una receta de cocina y hasta de de un diálogo entre dos borrachos.

Para complicarlo un poco más, las últimas investigacio­nes ponen en duda que el bron­ce fuese descubierto en Luzaga, tal y como afirmó inicialmente Fidel Pita, uno de los más desta­cados epigrafistas españoles, si­no en Huerta Hernando, a unos 30 kilómetros. Esta suposición parte de que está constatado que en 1877 la pieza estaba en el domicilio particular de un ve­cino de esta localidad llamado Lucas García, que la utilizaba para impedir que la cera de las velas manchase los muebles y como tapa de olla. Juan María Morales vio en casa de García el bronce, se lo llevó y se lo pres­tó al reconocido arqueólogo Ro­mán Andrés de la Pastora, que lo envió a la Real Academia de la Historia. Los académicos lo estudiaron y se lo devolvieron a De la Pastora, pero le pidieron a Morales que lo donase a la insti­tución. Se negó.

Con el informe acabado, Pita cambió de opinión y dio por he­cho que fue hallado en Huerta Hernando, pero la pieza ya te­nía apellido: Luzaga. Y ahí se perdió su rastro hasta que en 1949 el arqueólogo Manuel Gó­mez Moreno afirmó que la "té­sera se guardaba en una colec­ción privada de Soria, siendo es­ta la última noticia eJástente so­bre la misma".

Martín Almagro, catedrático emérito de Prehistoria de la Universidad Complutense y an­ticuario perpetuo de la Real Academia de la Historia, escri­bió en 2003 el Catálogo de la epigrafía prerromana, donde ha­cia mención destacada del bron­ce y recordaba que está "en pa­radero desconocido". "Cuando estaba trabajando en el catálo­go", recuerda Almagro, "bus­qué la pieza, investigando posi­ la tuvieron, pero nunca la encontré. Es una de las más bonitas halladas nun­ca. Es una pena que no se localice", admite.

El yaci­miento de El Castejón de Luzaga es conocido desde el siglo XIX. Fue excavado en 1912 por el marqués de Cerralbo. Los metales reco­gidos se conservan en el Museo Arqueológico Nacio­nal. Destacan fíbulas, rejas de arado, hachas ... Cuando el marqués excavó la cerca­na necrópolis, de entre los siglos IV y I a. C., halló 1.813 sepulturas de incine­ración y aseguró que 1.047 de ellas estaban destro­zadas.
Reproducción del Bronce de Luzaga. Jorge Morín