Objetivo: La Luna
CONTENIDO

El profesor Tornasol desaparece misteirosamente del castillo de Moulinsart. Tintín y el Capitán reciben un telegrama invitándoles a reunirse con su amigo. Desconfiados deciden emprender viaje a Syldavia donde encuentran para su sorpresa que el profesor están construyendo un cohete para viajar a la Luna. Como miembros de la tripulación, Tintìn, Haddock, Tornasol y el profesor Wolf comienzan a realizar los preparativos de un viaje inolvidable mientras una potencia extranjera está dispuesta a robarles el proyecto y el cohete. Este tomo acaba con la escena del lanzamiento sin que aún sepamos los misteriosos acompañantes que llevarán a bordo nuestros amigos. La solución: en el segundo tomo, Aterrizaje en la Luna.
EDICIONES

Editorial Casterman, 1953 en francés, en color
Editorial Juventud.
Primera edición: 1958, con lomo de tela marrón
Traducción del francés: Concepción Zembrera
Sin ISBN en sus cuatro primeras ediciones (falta confirmar la quinta edición)
ISBN 13: 978-84-261-0865-4 (978-84-261-1419-8, rustica)
ISBN 10: 84-261-0865-2 (84-261-1419-9, rustica)
Encuadernado en cartoné   Formato: 23 x 30 cm



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HISTORIA

"Objetivo: La Luna" se publicó cuatro años antes del lanzamiento del Sputnik por los soviéticos, un prólogo de lo que sería la apasionante carrera espacial. En aquellos años, la guerra fría dividía al mundo libre del comunista y Hergé decide situar la acción en Syldavia, una zona, que aunque no se menciona, parece estar bajo la influencia soviética. Incluso, cuando el ingeniero Wolf informa al director de la estación espacial, el señor Baxter, de la próxima llegada a la base de los instrumentos ópticos, cita a la fábrica de Jena, que entonces estaba el la Alemania Democrática.

Hergé siempre estuvo fascinado por la astronomía como demuestra el hecho de que ya en su album La estrella misteriosa toca esta materia. En los dos álbumes sobre el viaje a la Luna, Hergé se documentó exhaustivamente y contó con el asesoramiento científico de   de Alexandre Ananoff autor de "La astronáutica" y de Bernard Heuvelmans, autor de "El hombre entre las estrellas".

La intensa presión a la que se ve sometido en la redacción y confección de este album le lleva a sufrir una crisis de agotamiento y la publicación del album tiene que suspenderse unos meses. Ya no es un dibujante solitario, sino que ha creado en 1950 los Estudios Hergé y a partir de entonces contará con excelentes asistentes en la realización de los álbumes de Tintín, como Bob de Moor o Jacques Martín Jacobs. Precisamente este último, como ha ocurrido con otros álbumes, aparece en un cameo en una de las viñetas, como delineante gordito, vestido con un mono azul.
LA CARRERA ESPACIAL

Yo recuerdo que siendo muy niño, tenía 3 años, mi tío Julián me habló del Sputnik, un cohete lanzado por los rusos (entonces no me hablaron de los soviéticos) que estaba dando vueltas a la Tierra allí arriba, en el espacio. Aún recuerdo que aquella primera mención al cohete tuvo lugar en la tienda de periódicos y libros que tenía en Soria y que hasta me enseñaron una foto del artefacto, que habían publicado algunos periódicos españoles.

En una crónica del corresponsal de ABC en Londres, el día 6 de octubre, dos después del lanzamiento (4 de octubre de 1957), se titulaba: "El satélite artificial, «tercer interlocutor» en la conferencia de Dulles y Gromiko" y se decía que Rusia avanzaba en la conquista del espacio. Esta es la deliciosa crónica de mi colega Jacinto Miquelarena, un falangista amigo de Jardiel Poncela y Mihura y que parece fue uno de los autores del "Cara al sol":







«Durante todo el día de hoy insistía la BBC en ofrecer sonidos del satélite ruso qué en una trayectoria elíptica circunvala la Tierra, según parece, a una altura de 560 millas. Personalmente no quedé impresionado. Es un "pi-pi-pi-pi" monocorde, muy inferior en volumen a cualquiera de los que simula la factoría de ruidos de dicha emisora cuando la obra que está radiando "pide" grandeza sideral. A las señales telegráficas del satélite se le suponen una cifra, que soló puede admitirse bajo palabra de honor. Desde la mañana, los diarios ingleses subrayan este avance en astronáutica y contribuyen activamente a la propaganda del supuesto "genio satánico de Rusia". Los carteles de Ios vespertinos trataban de fascinar al transeúnte con títulos como "La luna roja sobré Londres" y 'Alrededor del mundo en ciento cinco minutos". Pero lo que esperaba de verdad el hombre de la calle, como todos los sábados, era las ediciones con los resultados de la Liga de fútbol y lo que quería ver y oír, si juzgamos por la cola que observé a la puerta del cine Asteria, en Cháring Cross Road, era "La vuelta al mundo en ochenta días", con "Cantinflas"' de "sherpa" de la expedición. A pesar de los clubs de "futuros viajeros a la Luna" y de los congresos de navegación por el espacio que aquí se han celebrado, no creo que Londres tenga todavía la llamada mentalidad interplanetaria. De pizarras y torres y agujas góticas para arriba, sólo interesaba el honesto y rezagado sol de otoño. Las señoras siguen estrenando "la boina Rembrandt", que parece estar muy de moda, como única preocupación del momento. Eldoctor A. G. B. Lovell, director de la estación experimental de Jodrell Bank y profesor de Radio-astronomía de la 'universidad de Manchester, declara que Rusia avanza en primera línea hacia la conquista del espacio. "Los norteamericanos se han confiado y nosotros, los británicos, estamos más atrás todavía"».


Miquelarena murió en París en 1962 y según la Prensa del momento sufrió un desvanecimiento y cayó a la vía del tren. Este otro ilustre periodista o literario, Haro Tecgle, escribió en 2001 un exacto y bello artículo sobre los Corresponsales y hacía una referencia a Miquelarena, de quien dice se suicidó. Lo reproduzco aquí por su interés y porque suscrita un debate que yo también he tenido con mis jefes acerca del tiempo en que un corresponsal debe ocupar una plaza en el extranjero. El artículo de Teglen se titula "El extranjero en su patria", un magnífico título para un estupendo trabajo:

«Hace medio siglo fui corresponsal español en el extranjero; se discutía si el corresponsal debía pasar mucho tiempo en el país de destino o si su paso debía ser breve. Unos decían que la larga estancia le integraba, le permitía conocer todos los resortes de la información, interpretar los hechos según sus precedentes, adentrarse no sólo en el idioma sino en la historia, en la literatura, en la economía del país. Pero otros opinaban que la larga estancia privaba al corresponsal de la sorpresa, de la apreciación inmediata de los contrastes y las diferencias con el país y con los lectores para quienes escribía. Hay que tener en cuenta que entonces los periódicos preferían enviar escritores de primer orden como corresponsales: Julio Camba, Jacinto Miquelarena, Luis Calvo, Eugenio Montes, César González Ruano, hasta Rubén Darío o Gómez Carillo. Y es que lo extranjero sorprendía al lector: el español viajaba muy poco y muy mal, y le gustaba que le contasen muy bien lo que no podía ver.

Las noticias llegaban por otro sitio: había un buen número de agencias (excepto en el tiempo de Franco, en que se limitaron a las oficiales que filtraban toda la información) y realmente un corresponsal solitario y no muy bien pagado no podía cubrir toda la información del país, ni encontrar más resortes que no fueran los de su supuesta clarividencia, su inteligencia y su posibilidad literaria. Se podía llegar a extremos como el de que un corresponsal de “Abc” en Berlín, no sé si Ruano o Montes, publicara una bella crónica sobre el canto de los pájaros al atardecer en la Unter-den-Linden el mismo día en que se incendiaba el Reichstag. Quizá el límite histórico de esa situación lo marcó el suicidio del buen escritor y fino humorista Jacinto Miquelarena en el Metro de París: se le encontró en el bolsillo una carta de su periódico reprendiéndole cruelmente por entregarse más a las aficiones literarias que a las informativas. Era un hombre mayor, y no encontraba posibilidades de reconversión: eran su prosa y precisamente su capacidad de sorpresa permanente las que podían darle un valor. Pero el tiempo había cambiado. La capacidad de sorpresa no debe depender del tiempo que se pase en un país. Hasta el propio sorprende siempre. Es más bien una virtud del periodismo ?que es, naturalmente, uno de los géneros de la literatura?: ver cada hecho, político o criminal ?y muchas veces coinciden?, sexual o literario, o cualquier movimiento de la sociedad, de una manera distinta, con una curiosidad que no depende de la geografía, como decía un famoso corresponsal húngaro en Londres, que mantenía que los extranjeros eran “ellos”, los ingleses sobre los que contaba cosas.

Me gustaría volver. Nunca me he sentido extranjero en el país donde he trabajado, y siempre me encuentro sorprendido en el mío. “El peregrino en su patria” es un título de Lope de Vega… Ah, una cosa que deseé durante mucho tiempo era ser corresponsal extranjero en España, y comunicar a otros mi sorpresa por estar aquí, entre esta gente y sus raras historias, pero sin sentirme implicado por ellas. Vosotros tenéis esa suerte».

TINTÍN DESDE MI INFANCIA
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