Las siete bolas de cristal
CONTENIDO

La historia comienza cuando uno de los miembros de la expedición arqueológico-etnográfica Sanders-Hardmuth procedente de Perú y Bolivia cae en un profundo letargo. Sus siete miembros acaban de regresar a Europa con la momia de Rascar Capac a pesar de la maldición que recae sobre quien osase profanar su tumba.  Misteriosamente, uno tras otro, los restantes miembros más corren la misma suerte. Junto a sus cuerpos dormidos, aparecen pedazos de cristal. Tintín comienza a sospechar que se trata de la venganza de la momia inca de Rascar Capac. Para impedir que el séptimo y último miembro caiga en manos del sopor terrible del juramento, la policía custodia la casa del científico, Hipólito Bergamotte. Su vieja amistad con el profesor Tornasol es utilizada por Tintín para visitarle junto con el capitán Haddock. Bergamotte, además, guarda en su casa la momia. Por la noche, en medio de una terrible tormenta, un rayo penetra en el salón donde están todos reunidos y tras un estallido, la momia desaparece. A la mañana siguiente, el profesor Tornasol encuentra en el jardín de su amigo Bergamotte un brazalete de Rascar Capac y se lo pone en la muñeca. Cuando Tintín y Haddock lo buscan, Tornasol no aparece. Se emprende una frenética búsqueda que no da resultado. Las pistas conducen a sus amigos hasta el puerto de La Rochelle desde donde parten con destino a Perú siguiendo la estela del barco Pachacamac. La solución, en el siguiente álbum, El Templo del Sol.
EDICIONES

Editorial Casterman, 1948 en francés, en color
No ha habido modificaciones
Editorial Juventud.
Primera edición: 1961, con lomo de tela amarillo
Traducción del francés: Concepción Zembrera
Sin ISBN en sus tres primeras ediciones
ISBN 13: 978-84-261-0277-5 ( 978-84-261-1423-5, rustica)
ISBN 10: 84-261-0277-8 (84-261-1423-7, rustica)
Encuadernado en cartoné   Formato: 23 x 30 cm



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HISTORIA

La fascinación que el mundo ha sentido desde siempre por los  misterios de las tumbas egipcias, fue llevada a Las siete bolas de cristal por Hergé. Naturalmente, la historia no trataba de faraones, sino de Incas: la cultura sudamericana siempre ejerció un fuerte influjo en el autor belga.

UN 4 de noviembre de 1922, el arqueólogo Howard Carter descubrió en el valle de los Reyes la tumba de Tutankamón. El hecho de encontrarla sin profanar, intacta, con todo su esplendor, su sarcófago y su tesoro, reavivó el entusiasmo del público por la cultura del Egipto antiguo. La noticia y los reportajes dieron la vuelta al mundo varias veces. En España la noticia llegó varias semanas después, y el 28 de enero de 1923 un periódico nacional la daba así:







Un arqueólogo llamado Theodore Davis que había descubierto 30 tumbas en el Valle de los Reyes entre 1902 y 1914, dijo que ya no se encontrarían más, pero Carter no estaba convencido y siguió excavando. Durante seis temporadas, pico y pala en ristre, hizo agujeros aquí y allá, en un triángulo de una hectárea cuyos vértices aproximados eran las tumbas de Ramses II, Merneptah y Ramses VI. Sin resultado. Lord Carnavon, que patrocinaba la expedición se gastó 25.000 libras y comenzó a dudar de su inversión. Casi agotadas las posibilidades, las reservas y el ánimo, decidieron hacer una última campaña.

Iniciaron las excavaciones bajo los cimientos de unas cabañas de obreros que habían construido la tumba de Ramses VI. Era el 4 de noviembre de 1922 cuando apareció el primero de los escalones de la tumba. La número 62 que se descubría en el King Valley, por lo que fue bautizada con el nombre de KV62.





Este fue un rey menor y no solo por su edad (fue coronado a los 8 años), que no ocupó en la historia de Egipto una de las hornacinas más destacadas.

Su tumba es una de las más pequeñas que se conocen, quizás porque ante la prematura muerte del joven rey, la sepultura, en principio destinada a otro príncipe o sacerdote, hubo de ser precipitadamente acondicionada para el joven faraón.

Tutankamon fue el último de la 18 dinastía. Ascendió al trono tras el breve pero intenso periodo en que la capital de todo el Egipto se encontrara en Amarna, donde la trasladó Atón. Tutankamon devolvió a los sacerdotes de Amón toda su influencia y poder y restableció el culto a varios dioses, derogando el monoteísmo instaurado por Atón.



En abril de 1923, a causa de la picadura de un insecto, muere Lord Carnarvon, quien patrocinó las exploraciones arqueológicas en Egipto de Howard Carter. Este hecho fue presentado por la Prensa como algo sensacional, lo que dio paso a la invención popular sobre la maldición de Tutankamon. Otros miembros de la expedición también murieron misteriosamente, aunque la verdad es que Howard Carter, Evelyn Carnarvon y el arqueólogo Callender, que participaron en la apertura de la sepultura, terminaron sus días apaciblemente.

No cabe duda que estas súbitas muertes cautivaron al dibujante que inventó la maldición de sus bolas de cristal cargadas de un gas adormidera.





El álbum de Las siete bolas de cristal comienza con un comentario de un pasajero del tren hacia Moulinsart en el que Hergé editorializa sobre la profanación de las tumbas de egipcios e incas. A continuación, la maldición cae sobre los miembros de la expedición que viajó a Perú y Bolivia y más adelante, un rayo, se lleva a la momia del inca Rascar Capac  de la vitrina en que la custodiaba el profesor Bergamotte.

La imagen de la momia asustaba a no pocos niños que leyeron esta aventura. Hasta el punto de que según el biógrafo de Hergé, Pierre Assouline, el dibujo que aparecía en la primera página de la edición original hubo de cambiarse a raíz de las protestas que lo  consideraban demasiado inquietante para las mentes infantiles.




En este álbum, el capitán Haddock se ha convertido en un aristócrata y al comienzo de la historia lleva un monóculo y viste como un auténtico "gentleman". Y personalmente, me sorprendió que tratase a Tintín de usted, algo que le alejaba del espíritu amistoso  que hasta entonces habían tenido ambos. Tan solo cuando decide ir en busca de su amigo Tornasol y cambia su indumentaria por la tradicional de marinero, el tuteo vuelve y con él la tradicional relación entre Haddock y Tintín. ¿Qué deseaba transmitir Hergé con este cambio de actitud reflejado al comienzo del álbum, en el que el capitán Haddock, incluso, no pronuncia ninguno de sus tradicionales insultos? ¿Quería tal vez señalar el cambio que se produce en las personas cuando adquieren una posición encumbrada gracias al dinero que aparece súbitamente?


TINTÍN DESDE MI INFANCIA
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