Visité estos países en un viaje que comenzó el verano de 2001 y en el que pulsé las cuestiones más sensibles de la ampliación de la Unión Europea, recogiendo las esperanzas y los temores de sus habitantes y las diferentes posiciones de sus responsables políticos. En una furgoneta, acompañado de mi equipo, partí de Tallín y acabé en Vilnius. Luego desde Rumania viajamos en coche a Bulgaria y de allí a Turquía. Finalmente, visité Chipre y Malta donde llegué por avión.

Recorrí las ciudades rusas de Estonia, la nación que obtuvo su independencia mediante el canto, ahogando con sus voces el chirriar de sus carros de combate y estuve en sus cuarteles militares donde sus jóvenes oficiales atiendían las clases de logística impartidas por mujeres.

En Letonia visité sus pueblos de pescadores; conocí a sus jóvenes empresarios que encaraban el futuro con entusiasmo, y en su capital, Riga, una de las más bellas de los países Bálticos con su incomparable arquitectura inspirada en el llamado Art Nouveau, comprobé que aún quedan restos del régimen soviético.

Lituania sorprende al viajero con su colina de las Cruces, un impresionante gólgota en el que devotos cristianos han dejado a su Altísimo sus ofrendas y sufragios. Hoy este monumental calvario es un símbolo del catolicismo de Lituania y de su independencia. También estuve en la central Nuclear de Ignalina, cuyo reactor número 1, similar a los de Chernobil, fue cerrado a finales de 2004. Como dato curioso, en Lituania se recoge el 80 por ciento del ámbar mundial y por este motivo estuve en una de las fábricas artesanas donde se modela esta joya del mar Báltico.

Es inevitable asociar la imagen de Rumania con la de Drácula. En el castillo de Bran, residencia del conde Vlad Tepes, pude entrar, sobornando a sus guardianes, durante la media noche, cuando los canes aullan a la luna y el miedo estremece los espíritus.  En el interior del formidable castillo encontré tras una puerta el ataud de Drácula y su espíritu en forma de muciélago pude rodarlo en una de aquellas lúgubres habitaciones. Rumania tenía mala imagen, hoy superada, por el maltrato a los niños en los horfanatos públicos.

Cruzando el gris  Danubio llegué a Bulgaria. Lo primero que hice fue visitar el Monasterio de Rila, enclavado en la cima más alta de los Cárpatos, decorado con bellísimos frescos ortodoxos. Allí tuve la oportunidad de hablar con su Obispo, el Abad Juan,  que me enseñó sus estancias, donde está enterrado el corazón del Boris III, padre del que fue su primer Ministro, Simeón de Sajonia-Coburgo. Ya en Sofia, pude hablar con judíos sefardíes, una comunidad numerosa que vive en Sofía y que logró escapar del horror nazi.

La Turquía de hoy, eterno país candidato, es un legado de Ataturk. En Estambul, pude rodar en la Mezquita Azul, un privilegio reservado a muy pocos equipos de televisión, y hablar con sus imanes. También visité la famosa Bienal de Estambul, una rara muestra vanguardista del arte moderno.

En Chipre volví a vivir la realidad de una isla dividida en medio del Mediterráneo. Pude cruzar desde el sur al norte la llamada línea verde, gracias a un permiso especial que por primera vez se entregaba a un equipo de televisión. Esta línea divisoria  separa desde 1963 las comunidades turca y griega de la isla.
Tuve el privilegio de pasear junto a ella con el alcalde de Nicosia, Lelos Demetriades, y de charlar con el Presidente de la República de Chipre, Glafcos Clerides y con el histórico líder de la comunidad turca, Rauf Denktash en una de las escasas entrevistas para una televisión occidental. Un privilegio.

Finalmente en Malta me sorprendí con su desconocida imagen. Es una fortaleza construida por los caballeros hospitalarios, acogidos en este diminuto archipiélago del Mediterráneo por el emperador Carlos I de España, por el feudo de un halcón maltés y un vaso de agua. Su catedral es la esencia de la Orden, que a su vez, fue el embrión de una futura Europa Unida, con sus ocho albergues y ocho lenguas, representantes de los ocho reinos más importantes de la Cristiandad. En una de sus escuelas, sus alumno me dibujaron el futuro de "la Europa que viene".

Viajamos a Mozambique, Argentina, Etiopía y Estados Unidos para intentar responder a la sencilla pero comprometida pregunta ¿por qué hay hambre en el mundo?

Me interesaba, sobre todo, diseccionar las principales causas que azuzan los jinetes del hambre. Entre todas ellas la principal es la pobreza, el principal alimento del hambre.

El escritor y biólogo mozambiqueño Mia Couto me dijo que el hambre es un sistema que funciona a dos manos, y cuyas responsabilidades hay que buscar tanto en el Primero como en el Tercer mundo.

Otras causas del hambre son los desastres naturales, la sequía, la falta de un aprovechamiento racional del agua, la ausencia de silos para almacenar las cosechas en tiempos de bonanza, la corrupción política y las enfermedades, que como el SIDA han dejado huérfanos, solo en África, a 11 millones de personas. Y el egoismo de los países industrializados que persisten en su política arancelaria.

La sequía que padecen muchas regiones del mundo ha deshecho todas las cosechas de los dos últimos años; mientras, en otras partes del planeta son las inundaciones las que han causado los desastres en la agricultura. En África, para acarrear 25 litros de agua, una persona debe caminar 6 kilómetros de media cada día. En el programa se muestran diversos planes para utilizar las aguas naturales de los ríos o de los manantiales en provecho de las plantaciones y para ahorrar este penoso trabajo diario.

El programa LOS JINETES DEL HAMBRE analizo el importante papel de la mujer en África. Ella es la que labra la huerta, ordena la casa y alimenta a la familia. Organizada en cooperativas es capaz de romper el círculo de pobreza-hambre e intercambiar experiencias.
La Europa próxima

Es la Europa que está junto a nosotros, la próxima en sentido de cercanía y la próxima que iba a formar parte  de  la Unión Europea en el tiempo en que se rodó este reportaje. El reportaje puede verse entero en el visor sobre este texto y por países, en los índices de más abajo. Fue realizado en 2001, pocos años antes de formarse la Europa de los 25  (hoy 27).

Incluí a Turquía en este viaje más por deseo personal que por las posibilidades políticas que tiene de formar parte del club europeo. No verán mis ojos a este querido país euro asiático formar parte de la Europa pseudounida.

Así pues, aquí están estos países que siempre han sido nuestros vecinos y que hoy ya son nuestros socios: Estonia, Letonia, Lituania, Rumania, Bulgaria, Chipre y Malta.  Más Turquía.














Iraq, el paraiso perdido

Me desplacé a Irak en 2000 para investigar la realidad social y económica del país, diez años despues de la invasión de Kuwait. Allí conseguí las primeras imágenes de los campos petrolíferos cercanos a Kuwait y del puerto de Um Qasr. Y por primera vez ante unas cámaras de televisión, Amir Rashid, ministro del Petróleo del régimen de Sadam, en una tensa entrevista que acabó mal, reconoció que su gobierno vendía crudo fuera del control de la ONU.





Nepal, en busca de su Nirvana

El que hasta 2008 fuera el único reino induista del mundo aún hoy busca su destino, su paraiso, su nirvana. Convertido en una república, Nepal estuvo en guerra civil desde que el autoproclamado Ejército del Pueblo, de inspiración maoista, decidiera en 1996 atacar los intereses del gobierno del moncarca Birendra.  Desde entonces, más de 9.000 personas han muerto en Nepal en los últimos años.

Aquel viaje fue inolvidable, especialmente porque hoy uno de mis compañeros, el muy querido Jesús Menéndez, ya no está entre nosotros. Con él y con el resto de colegas, pasamos unos 20 días inolvidables. Con mucha frecuencia los recuerdo con añoranza.












En el programa se ve, por primera vez, a la guerrilla maoista por dentro: sus ataques, sus aspiraciones y el reconocimiento que brindan a sus héroes.

TVE contó con una entrevista con uno de los líderes maoistas, en prisión, y con testimonios de varios encarcelados por su supuesta participación en el movimiento maoista.

En el reportaje traté de analizar las dos caras de este conflicto con entrevistas a los principales líderes políticos nepaleses, entre ellos Kumar Nepal, del partido comunista nepalés -del que se escindió el partido maoista -; al ex-primer ministro Sher Bahadur Deuba, cesado por el Rey Gyanendra en lo que las fuerzas políticas de Nepal consideraron un encubierto golpe de palacio y a otros dirigentes hoy reconvertidos en republicanos.

Aquella crisis colocó al Rey frente a los principales partidos democráticos que se manifestaban por las calles de Katmandú contra la decisión del rey y contra la violencia maoista.

También incluí en el reportaje el magnicidio contra el Rey Birendra y su mujer, asesinados al parecer por su hijo, el principe Dipendra, heredero al trono de Nepal. Entrevisté al médico de palacio, doctor Devkota, quien fue llamado inmediatamente. El príncipe aún estaba vivo, pero agonizante. No pudo sino certificar la muerte de la pareja real y luego la de su hijo que tenía un tiro en la sién. Aquella matanza, en la que murieron otras siete personas, tuvo su origen, según se dijo, por la negativa de los padres a aceptar a la novia del magnicida. ¿Suicidio? ¿Asesinato? Las declaraciones que me hizo el doctor Devkota, que le atendió antes morir desangrado, dejan abiertas ambas posibilidades.

Desde las alturas del Himalaya hasta las llanuras del Terai, viví en compañía de mis queridos compañeros Ángel, Jesús y Juanjo, la cruda realidad de este país en el que sólo una de cada cinco mujeres sabe leer o escribir, o en el que mueren 6 de cada 100 niños nacidos, o en el que el hombre sobrevive generalmente a la mujer, cuya edad media de vida, en el medio rural, es de solo 34 años.

Recorrimos algunas aldeas Newaríes y otros pueblos cercanos a Biratnagar, en donde muchos de sus moradores veían por primera vez la cara de un extranjero.
En el reportaje hago especial referencia al programa petróleo por alimentos, que pretendía mitigar la dureza del embargo impuesto por la ONU, a la extrema pobreza de los iraquíes y a su realidad política y social, una década despues de la llamada "Madre de todas las batallas".

Por primera vez un equipo de televisión consiguió el permiso de las autoridades iraquíes para rodar los campos petrolíferos cercanos a Kuwait, así como las distintas labores de perforación. También se consiguió filmar el puerto de Um Qasr, desde donde los petroleros transportan el crudo al mundo entero a cambio de alimentos, medicinas y otros artículos de primera necesidad. Entonces ese nombre no era tan conocido como lo es ahora, y entrar allí supuso visitar muchos despachos y contestar a muchas preguntas.

En el documental quedó recogido el testimonio del Ministro del Petróleo iraquí, quién, en una tensa entrevista,  reconoció que su país comercia con otras naciones fuera del control de la ONU. También recogí el punto de vista de la FAO y de Naciones Unidas en Irak, junto con la opinión del encargado de Negocios de la Embajada de España en Irak. Todos ellos abogaron por un rápido final del embargo.

El equipo de profesionales desplazados por TVE a Irak visitamos también las instalaciones del hospital infantil de Basora, donde los niños enfermos de leucemia sólo esperan un milagro. Finalmente, estuvimos en las arenas del desierto, donde se encuentran los carros de combate destruidos, y que son testigos de un conflicto que aún no ha concluido.

Obviamente, en el reportaje la situación que se refleja ha quedado superada por el tiempo transcurrido.
Los jinetes del hambre


¿Por qué hay hambre en el mundo? En este reportaje se explican las causas que la originan.

En el mundo se producen diariamente casi dos kilos de comida por persona y sin embargo casi 840 millones de personas no pueden comprarla porque son pobres.

Esta roca, en Lituania, señala el centro geográfico de Europa, según el Instituto Geográfico de París
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