SIRIA, UNA ENCRUCIJADA DE CAMINOS
Las ruinas de Apamea, con su decumanos de 2 km de longitud, aparece en medio de ninguna parte. Esa es su hermosura. Aquí gasté buena parte del disco duro.
Compré tres antigüedades que aunque no lo sean me gustaron tanto que pagué por ellas 100 euros.
Caminé por la ciudad romana intentando buscar un punto desde el que obtener una imposible panorámioca.
El vestido árabe es elegante y señorial, que da prestancia al que lo lleva. Lawrence lo llevó con orgullo hasta que se pellizcó su piel blanca.
En esta fotografía hay que averiguar quién es el de Siria y quién el de Soria.
En la tuymba de Al-Nasir Salah ad-Din Yusuf ibn Ayyub, alias Saladino en la Mezquita Omeya de Damasco.
El castillo de Crack de los Caballeros es un edificio de las cruzadas.
Buscando un plano que echarme a la cámara.
Con dos sirios del futuro.
En lo más alto de las ruinas de Dura Europos, rondando el Eúfrates.
En la mezquita Omeya de Damasco, que alcanza todo su esplendor de noche.
Hama, la ciudad de las norias, es una ciudad agradable con muchísimo comercio .
Rodando el valle del Orontes.
Los árboles del pistacho que en Siria crecen muy sanamente.
Mi maravillosa steadycam llama la atención en todas las fronteras.
En Deir Az Zor, en el puente sobre el río Eúfrates, una tarde de agosto.
El río por aquí es anchísimo y desde lo alto del puente se tiran al agua los valientes.